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La Coctelera

QUÉ ES FILOSOFÍA

Filosofar, Yuri, es pensar. Y pensar, como decía Ortega y Gasset, es una ocupación, una tarea que nos imponemos ante la realidad problemática de nuestro mundo, de nuestra vida. Pensar para saber y con el único fin de saber. A diferencia del saber científico, el filosófico es un saber para saber y no con fines utilitarios. Tampoco se agota el saber filosófico, como le ocurre al científico, en objetos concretos. Quiere llegar, por el contrario, a los primeros principios y primeras causas de todo lo que hay. Tenemos, por tanto, un saber que pretende ser universal al abarcar la totalidad de lo real.
Además de universal, se puede afirmar que la filosofía es un saber eminentemente problemático y crítico, incondicional, sistemático, radical y racional.
Hay que reconocer Yuri, que esta tarea se la plantean aquellas personas y pueblos que han resuelto sus necesidades primarias. “Primum vivere, deinde filosofare”, decía Aristóteles, y es verdad. Si tus necesidades más vitales no las tienes resueltas es altamente improbable que te dediques a pensar y dar respuesta a preguntas como ¿por qué es azul el cielo?, ¿cómo elabora la mente los conceptos? o si la realidad es una construcción del sujeto o existe independientemente de éste y otras mil preguntas que no se formulan aquellas personas o pueblos que no han resuelto sus necesidades vitales.
De ahí, que la Filosofía aparezca en Grecia en un momento histórico de bienestar material como consecuencia de una poderosa actividad comercial como era el caso de las colonias griegas del Asia Menor. Así mismo, si analizamos la historia de los muchos pensadores que han existido comprobaremos que esta condición de “primum vivere” se daba en todos ellos.
Pero además de tener resueltas estas necesidades, la tarea de pensar se la plantean sólo aquellos que reconocen su propia ignorancia. “Solo sé que no sé nada” afirmaba uno de los hombres más sabios de la historia. Solo aquellas personas que son conscientes de su ignorancia, Yuri, son capaces de pensar. El que cree saberlo todo no se plantea esta tarea. Tampoco el que no es consciente de su ignorancia. El que no sabe que no sabe ¿cómo se puede plantear la necesidad de saber? Por eso, Yuri, el filósofo ocupa una posición intermedia entre el sabio y el ignorante. De ahí el significado del término filosofía: “amor al saber”. El filósofo no es sabio sino amante del saber.
Al hablar del reconocimiento de la propia ignorancia, hay que aclarar, Yuri, que ésta va precedida de un impulso de admiración ante “algo”. Algún fenómeno, físico o psíquico nos llama la atención y desencadena la necesidad de dar una explicación, de poner orden en lo que aparentemente es desorden. Pero cuidado, no vale cualquier tipo de explicación. La mitología está llena de explicaciones que tratan de dar sentido a fenómenos naturales y no son filosóficas.
¿Qué aporta de nuevo la filosofía al pensamiento mítico? La primera y fundamental aportación es que trata de explicar los fenómenos naturales sin recurrir a fuerzas sobrenaturales y la segunda es el cambio del concepto de arbitrariedad por el concepto de necesidad. Los fenómenos naturales, Yuri, se han de explicar recurriendo a otros fenómenos naturales y no a fuerzas extrañas y los fenómenos naturales ocurren porque tienen que ocurrir y no por capricho de los dioses o seres sobrenaturales.

EL TRABAJO

LOS MITOS

Hoy, Yuri, te voy a hablar de las historias fabulosas que el ser humano ha ido imaginándose, a lo largo de la historia, para explicar aquellos acontecimientos que no cabían en los esquemas de un pensamiento racional. Muchas veces, Yuri, porque los esquemas del pensamiento racional no existían y otras porque no se conocían o ambas causas. Me refiero a los mitos.
El mito, Yuri, es una forma especial de pensamiento que le permite al ser humano interactuar con su espacio natural con el fin de sentirse seguro ante lo inexplicable, ante el misterio. Son explicaciones fabulosas que atribuyen los fenómenos naturales, físicos o psíquicos, a fuerzas extrañas o sobrenaturales y los hacen depender de su voluntad caprichosa.
Fenómenos como los orígenes del universo, de los dioses y del hombre, la lluvia o la tempestad, el día o la noche, el amor o el odio, el cielo estrellado o la orografía terrestre, la alegría o el dolor, la paz o la guerra, la salud o la enfermedad dependen del capricho de los dioses. Ocurren no por necesidad sino por puro azar.
¿Qué hacer ante la enfermedad, por ejemplo? Lo único que cabe, en este caso, es congraciarse con los dioses y que éstos sean benignos con nosotros. La salud, Yuri, depende de nuestra buena o mala relación con las fuerzas sobrenaturales. La lluvia, la paz, el amor, la guerra… se activan o cesan a capricho del dios correspondiente. Por tanto, se sabía qué hacer, a qué atenerse.
Esta forma de pensamiento, Yuri, no está reservada a las sociedades primitivas en exclusiva. Todavía, hoy, se ven restos de esa forma de pensamiento irracional. Cuando visitamos un santuario mariano repleto de testimonios milagrosos u oímos expresiones como “Dios te guarde”, “dios quiera que te recuperes pronto”, “que dios te bendiga”, “ojalá llueva”, “que el ángel de la guarda te lleve por buen camino”, “dios nos libre de los malos pensamientos y de las malas obras”… estamos instalados en esa forma de pensamiento. Cuando visitamos a un curandero, leemos y creemos en los horóscopos o nos dejamos llevar por mil supersticiones, vivimos esta forma de pensamiento. Por eso te digo, Yuri, que no es exclusiva de sociedades alejadas en el tiempo. Hoy, en la era de la racionalidad, hay mucha gente que se siente bien y segura con esta forma de explicaciones. Ten en cuenta, Yuri, que no hay, en nuestra tierra, ni un pueblo o ciudad que no tengan un santo protector o una virgen milagrosa a los que acudir ante problemas como la enfermedad, la sequía o cualquier catástrofe natural.
Hace unos dos mil seiscientos años, la razón, facultad eminente de los seres humanos, vino a sustituir, solo en parte, al pensamiento mítico. ¿Qué fue lo que aportó de novedoso el pensamiento racional? En primer lugar, Yuri, mantuvo que los fenómenos naturales debían explicarse por otros fenómenos, también, naturales. En segundo lugar, Yuri, sustituyó la idea de arbitrariedad por la idea de necesidad. Los fenómenos ocurren porque tienen que ocurrir. Por tanto, cada fenómeno se explica por sus causas y cuando éstas ocurren ocurre necesariamente aquel.
A partir de ahí, Yuri, el método de explicación racional no ha cesado. Gracias a él, el ser humano ha sido capaz de alcanzar metas inimaginables en cuanto a descubrimientos científicos y tecnológicos. Podemos estar orgullosos de nuestra historia aunque estos descubrimientos hayan aportado, muchas veces, miseria, muerte y destrucción. El balance será positivo si entendemos que no todo lo posible tiene que ser actualizado y que el interés mayor es la defensa de la vida. De toda la vida, Yuri. Sabiendo que el deterioro de la naturaleza es el principio del final debemos obligarnos a respetarla.
Otro día te hablaré del medio ambiente.

TODO FLUYE

Como te decía ayer, Yuri, hoy iba a contemplar las primeras luces del amanecer sobre la ciudad. Ver como se reflejan en el Duero sus crestas de campanas.
Un golpe de cegadora luz me sorprendió al pisar la calle. El sol surcaba el azul acortando, en tierra, las largas sombras del amanecer. Otro día viviré el espectáculo pendiente si el tiempo de la noche no se prolonga, como hoy, hasta adentrarse en altas horas de general vigilia.
No obstante, no he renunciado al paseo. Ya te dije, Yuri, lo difícil que es negarse a los hábitos corporales.
Sin otro quehacer me he adentrado, en solitario, por las orillas brumosas del río, en el mundo apasionante del pensamiento.
Contemplando la quietud del agua, nadie diría que está de paso hacia el mar, si no fuera por las mellas de las aceñas y las hojas muertas que la delatan. Decía Heráclito, filósofo griego, del que un día te hablaré, que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río” porque todo fluye. Esto, Yuri, no dejaba de ser algo novedoso y extraño para aquellos observadores apegados a la información de los sentidos. Por mucho que se mirara una flor no se le vería abrir ni por mucho que se mirara la tierna hierba se le vería crecer. Sin embargo, la razón nos dice, Yuri, que todo esta vivo y en permanente ebullición.
Un día, un eminente astrónomo se atrevió a decir que la tierra se movía y el sol, por el contrario, permanecía quieto. Pero ¿cómo podría ser? ¿No se veía al sol salir, recorrer el cielo azul y ponerse todos los días sobre campos y ciudades, siempre quietas y en el mismo lugar? ¿Quién era el loco que podía negar lo evidente, la fuerza de los sentidos? Sin embargo, una vez más la razón, negaba la evidencia sensible.
Parece mentira, Yuri, que quienes más se opusieron a la teoría heliocéntrica fuesen los que se creyeron la existencia de otro mundo distinto al sensible: la Iglesia, los sumos sacerdotes. La suerte de Heráclito, Yuri, fue que, en su tiempo, no había un cuerpo doctrinal, sumos sacerdotes, capaces de impedir el avance de la razón. Galileo, Bruno y tantos otros, no tuvieron tal suerte.
Expresiones como “no es oro todo lo que reluce”y “ojo que la vista engaña” indican el grado de penetración del pensamiento de Heráclito en la cultura popular. No hay que fiarse de las falsas apariencias que nos ofrecen los sentidos. Un loco manchego, Yuri, confundió los molinos con ejércitos y a un humilde ventero con un hidalgo al que pidió, en su locura, que lo armase caballero.
¿Es de locos o de cuerdos dejarse llevar por los sentidos? ¿Es de locos o de cuerdos dejarse llevar por la razón? No es fácil, Yuri, responder estas cuestiones. Un día te hablaré de Platón, de Aristóteles, de Descartes o Leibniz, de Spinoza, de Hume, de Kant o de Hegel que teorizaron sobre la validez de nuestro conocimiento. Para ello he de disponer de un tiempo, por lo menos distinto, del que me ofrece un simple paseo.

HORIZONTES DE CASTILLA

Esta mañana, Yuri, no sé por qué, me ha sorprendido una plácida nostalgia ante el amanecer en Castilla. El sol se levanta rojo, con la fuerza de un volcán inundando el alba castellana. Le he visto como nace, como brota por el límite de dónde viene el Duero. Lentamente, sin prisas, va sembrando de pinceladas de rastrojos y verdes maizales el horizonte.
Hoy he sentido la sensación de un espacio sin crestas de pizarra, abierto, sin límites, capaz de demostrar la redondez del planeta perdiéndose, hundiéndose a lo lejos en un horizonte difuso. ¡Que diferencia, Yuri, con los amaneceres de sierra en los que los contrastes de claros y oscuros se muestran cercanos, al alcance de la mano!. Los puedes tocar, Yuri . Puedes sentir la luz de las cumbres sobre la impenetrable oscuridad de los barrancos cabalgando un tiempo y espacio únicos. ¡Cuantas veces he creado y recreado esos amaneceres serranos!
Muchas veces, Yuri, he esperado el amanecer, en las altas cumbres, envuelto en una vieja manta ¡ No hay espectáculo más bello y gratificante !
Hoy, te digo la verdad, me he sentido perdido en la inmensidad de un llano al que no llegas a abarcar sus límites.
Es verdad que no es menos bello, Yuri, ver como se van degradando, en pinceladas cada vez más suaves, los ocres, los sienas y verdes llevados hasta los límites brumoso del llano. Pero sin árboles y sin empinados frontones donde romper la luz, ésta se pierde pacífica sobre los campos de Castilla.
Mañana, Yuri, veré amanecer en la ciudad. Quiero ver, aunque de forma artificial, quebrarse la luz en crestas de cigüeñas y espadañas de campanas sobre la oscuridad profunda de profundas aguas.
Ver como el primer sol te muestra la ciudad en las alturas sobre calles que se resisten a abandonar la noche. Necesito, Yuri, sentir los claros – oscuros de la sierra, vivirlos al alcance de la mano, tocarlos con los ojos de un madrugador a quien sorprende este bello espectáculo. Lo necesito, Yuri. Mañana te contaré.

LOS HÁBITOS

Los hábitos, Yuri, son conductas que, a fuerza de repetirlas, se convierten en exigencias. Los hay que tienen su origen en la mente: reflexionar, pensar, leer, investigar, filosofar, dialogar, crear…. Y los hay que tienen su origen en el propio organismo. A estos son a los que me voy a referir hoy por lo que tienen, muchas veces, de tiranía. He dicho tiranía y lo he dicho bien, Yuri. Considero que ciertas conductas que vienen exigidas por el soma, por el cuerpo, terminan, a medio o largo plazo, sometiéndonos. No me refiero a hábitos como el fumar, el beber bebidas alcohólicas, o consumir ciertas sustancias tóxicas, que crean dependencia y tolerancia en nuestro organismo y terminan por anular absolutamente nuestra voluntad y ocasionando, en muchos casos, la muerte. Me refiero a aquellos hábitos que parecen incluso beneficiosos como el dormir, pasear, hacer deporte, trabajar, comer, recorrer siempre los mismos caminos, levantarnos siempre con el mismo pie, desayunar en el mismo sitio, ir al servicio a la misma hora… que minan, poco a poco, nuestra voluntad y nos convierten en peleles en manos de un actor que se ríe a carcajadas ante nuestra imposibilidad a decir que no.
Este verano, Yuri, está calando en mí un hábito que aunque parezca contradictorio me preocupa: el paseo diario, cada vez más largo. Hoy ha sido de tres horas. Reconozco que me siento bien, pero observo como todas las mañanas, sin necesidad de despertador, me pongo en pie. Lo hago como una exigencia a la que cada vez me cuesta más trabajo negarme. Yo se que si una mañana me resisto me voy a sentir mal. Por eso funciona una especie de resorte, en mí, que se activa a las siete de la mañana todos los días y al que todos los días consiento sin mucho esfuerzo.
Alguien definió al hombre como el animal capaz de decir no, el homo negans. Yo creo que es la mejor definición que se ha dado del ser humano como animal no programado, no determinado genéticamente. La capacidad de decir no es la única forma que tenemos para demostrar nuestra libertad, nuestra ausencia de determinación. ¿No es verdad, Yuri, que los hábitos disminuyen esta humana cualidad? Por eso me resisto a aceptarlos por lo que tienen de pérdida de esencia humana.
Sé que mañana me obligará más que hoy y menos que pasado mañana. Algún día, Yuri, tendré que decir no.

SOCIEDAD CIVIL Y PODER POLÍTICO

Yuri, hoy te voy a hablar de un tema que me viene preocupando en estos últimos tiempos: LA RELACIÓN IGLESIA - ESTADO.
La libertad de expresión, Yuri, es un derecho consagrado en nuestra Constitución lo mismo que muchos otros derechos y libertades. Pero apelar a ella, como hace la jerarquía católica en nuestro país, para tratar de deslegitimar al único poder legitimado en las urnas y esto se hace en aras de prejuicios religiosos, instancias que solamente comparten los creyentes y no el resto de los ciudadanos, me parece que no merece el más mínimo respeto ni defensa.
¿Qué diferencia, encuentras Yuri, entre la afirmación “Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios” y la de “José Luis Rodríguez Zapatero Presidente de España por voluntad expresa de los ciudadanos”? La principal diferencia, Yuri, es que con la democracia, el poder político se ha desacralizado, se ha democratizado, es decir, encuentra su legitimación no en fuerzas extrañas sino en el pueblo, en la voluntad de los ciudadanos. Y esto es muy importante.
Los ciudadanos elegimos a nuestros representantes para que lleven a cabo el programa por el que fueron elegidos y velen por el cumplimiento de unas exigencias mínimas que favorezcan la convivencia en paz. Esas exigencias mínimas expresan los principios de una moral cívica.
En una sociedad pluralista y multicultural, como la nuestra, el exigir, a toda la sociedad, el respeto a los derechos humanos , con independencia de las opciones particulares que cada cual tenga, es el primer pilar para hacer posible una convivencia en paz. Yuri, por muy arraigado que esté, en una cultura, la práctica de la ablación, el Estado, la sociedad civil, deben condenarla y perseguirla. Del mismo modo, el Estado, no debe tolerar las discriminaciones negativas, por muy “normalizadas” que estén por la costumbre y prejuicios irracionales, aunque sean muchos los que traten de mantenerlas.
La sociedad civil, organizada políticamente en el Estado, debe velar por la defensa de aquellos valores cívicos que son la expresión concreta del respeto a los Derechos Humanos. Estos valores son: la libertad, la igualdad y la solidaridad. ¿Libertad para qué?, le preguntaba Lenín a Fernando de los Rios, en una visita que hizo éste último a Moscú. Libertad para que no haya ciudadanos a los que se les impida el acceso a la participación. Igualdad para que no haya ciudadanos que se sitúen en posiciones de desventaja ni de ventaja en relación con los demás, ni ciudadanos a los que se les nieguen derechos en razón de su color, género, étnia, cultura, idelogía, tendencias sexual…. Y solidaridad con los más débiles, con aquellos ciudadanos de nuestro entorno o fuera de él que no alcanzan los mínimos que les garantice una vida digna. Estos tres valores forman el segundo pilar que hace posible la convivencia pacífica. Y un tercer pilar sería el respeto y la tolerancia activa para con todas las opciones personales o colectivas que cumplan con las exigencias mínimas anteriormente citadas. “No estoy de acuerdo con lo que dice, pero estaría dispuesto a defender que pudiese seguir diciéndolo” dicen que dijo Voltaire. En ese sentido, Yuri, defiendo la práctica de la tolerancia en una sociedad civil dispuesta a convivir en paz. Esto es lo justo.
Otra cosa serían, Yuri, los múltiples proyectos de vida que cada cual quiere seguir y que tiene todo el derecho a que se le respete. Cuantas más opciones ofrezca la sociedad de modelos de vida más rica parecerá. Una de las opciones y modelo de vida, es la religión. El Estado tiene el deber de respetar esta opción, pero no debería buscar su legitimación política en ella porque volveríamos a la sacralización del poder político y al desprecio de los ciudadanos que, en democracia, son la única vía de legitimación.
Los partidos políticos, muchas veces, tratan de utilizar la religión como medio de propaganda electoralista. Eso se llama, Yuri, manipulación. Del mismo modo, muchas veces, la jerarquía católica española utiliza a los partidos políticos para imponer en la sociedad sus criterios particulares. Eso se llama, Yuri, clericalismo.
Ni manipulación, ni clericalismo. Una sociedad suficientemente secularizada no quiere guerras y mucho menos de religión.
Algún día, Yuri, te hablaré sobre interculturalismo y convivencia.

Puente de Piedra

!Cuánto te gustaría, Yuri, oler las mañanas de Zamora! Ver cómo el sol se levanta sobre el Duero tendiendo un manto de luz sobre piedras y torres de cigüeñas.

Hoy he dirigido mi paseo hacia la ciudad sobre el puente de piedra. Es el puente, Yuri, un abrazo, en arcos de luz, al ancho caudal del río.
!Que maravillas tuvo que inventar la imaginación humana para salvar problemas aparentemente irresolubles, como eran unir las distantes orillas de los ríos para tener relaciones, intercambiar experiencias, unir lazos de amistad y a veces, como no, imponer la fuerza de una orilla sobre la otra en luchas fraticidas!

¿Te das cuenta, Yuri, de la importancia que tienen los puentes? Muchas veces pasamos sobre ellos como si fueran algo natural sin darnos cuenta que en sus principios hubo hombres que lo imaginaron, cerebros que lo diseñaron y actores que lo construyeron, muchas veces, en condiciones, Yuri, de autentica esclavitud.

Un día te hableré del mundo del trabajo, no para crearte mala conciencia, que sé que tu paz onírica no lo permitiría, sino para que tu también sepas que los humanos además de acariciarte y hablarte, tenemos que ganarnos el pan que comemos, haciendo cosas que, en muchos casos, no nos gusta hacer. Pero esto será tema de otro día.