Yuri, hoy te voy a hablar de un tema que me viene preocupando en estos últimos tiempos: LA RELACIÓN IGLESIA - ESTADO.
La libertad de expresión, Yuri, es un derecho consagrado en nuestra Constitución lo mismo que muchos otros derechos y libertades. Pero apelar a ella, como hace la jerarquía católica en nuestro país, para tratar de deslegitimar al único poder legitimado en las urnas y esto se hace en aras de prejuicios religiosos, instancias que solamente comparten los creyentes y no el resto de los ciudadanos, me parece que no merece el más mínimo respeto ni defensa.
¿Qué diferencia, encuentras Yuri, entre la afirmación “Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios” y la de “José Luis Rodríguez Zapatero Presidente de España por voluntad expresa de los ciudadanos”? La principal diferencia, Yuri, es que con la democracia, el poder político se ha desacralizado, se ha democratizado, es decir, encuentra su legitimación no en fuerzas extrañas sino en el pueblo, en la voluntad de los ciudadanos. Y esto es muy importante.
Los ciudadanos elegimos a nuestros representantes para que lleven a cabo el programa por el que fueron elegidos y velen por el cumplimiento de unas exigencias mínimas que favorezcan la convivencia en paz. Esas exigencias mínimas expresan los principios de una moral cívica.
En una sociedad pluralista y multicultural, como la nuestra, el exigir, a toda la sociedad, el respeto a los derechos humanos , con independencia de las opciones particulares que cada cual tenga, es el primer pilar para hacer posible una convivencia en paz. Yuri, por muy arraigado que esté, en una cultura, la práctica de la ablación, el Estado, la sociedad civil, deben condenarla y perseguirla. Del mismo modo, el Estado, no debe tolerar las discriminaciones negativas, por muy “normalizadas” que estén por la costumbre y prejuicios irracionales, aunque sean muchos los que traten de mantenerlas.
La sociedad civil, organizada políticamente en el Estado, debe velar por la defensa de aquellos valores cívicos que son la expresión concreta del respeto a los Derechos Humanos. Estos valores son: la libertad, la igualdad y la solidaridad. ¿Libertad para qué?, le preguntaba Lenín a Fernando de los Rios, en una visita que hizo éste último a Moscú. Libertad para que no haya ciudadanos a los que se les impida el acceso a la participación. Igualdad para que no haya ciudadanos que se sitúen en posiciones de desventaja ni de ventaja en relación con los demás, ni ciudadanos a los que se les nieguen derechos en razón de su color, género, étnia, cultura, idelogía, tendencias sexual…. Y solidaridad con los más débiles, con aquellos ciudadanos de nuestro entorno o fuera de él que no alcanzan los mínimos que les garantice una vida digna. Estos tres valores forman el segundo pilar que hace posible la convivencia pacífica. Y un tercer pilar sería el respeto y la tolerancia activa para con todas las opciones personales o colectivas que cumplan con las exigencias mínimas anteriormente citadas. “No estoy de acuerdo con lo que dice, pero estaría dispuesto a defender que pudiese seguir diciéndolo” dicen que dijo Voltaire. En ese sentido, Yuri, defiendo la práctica de la tolerancia en una sociedad civil dispuesta a convivir en paz. Esto es lo justo.
Otra cosa serían, Yuri, los múltiples proyectos de vida que cada cual quiere seguir y que tiene todo el derecho a que se le respete. Cuantas más opciones ofrezca la sociedad de modelos de vida más rica parecerá. Una de las opciones y modelo de vida, es la religión. El Estado tiene el deber de respetar esta opción, pero no debería buscar su legitimación política en ella porque volveríamos a la sacralización del poder político y al desprecio de los ciudadanos que, en democracia, son la única vía de legitimación.
Los partidos políticos, muchas veces, tratan de utilizar la religión como medio de propaganda electoralista. Eso se llama, Yuri, manipulación. Del mismo modo, muchas veces, la jerarquía católica española utiliza a los partidos políticos para imponer en la sociedad sus criterios particulares. Eso se llama, Yuri, clericalismo.
Ni manipulación, ni clericalismo. Una sociedad suficientemente secularizada no quiere guerras y mucho menos de religión.
Algún día, Yuri, te hablaré sobre interculturalismo y convivencia.