Como te decía ayer, Yuri, hoy iba a contemplar las primeras luces del amanecer sobre la ciudad. Ver como se reflejan en el Duero sus crestas de campanas.
Un golpe de cegadora luz me sorprendió al pisar la calle. El sol surcaba el azul acortando, en tierra, las largas sombras del amanecer. Otro día viviré el espectáculo pendiente si el tiempo de la noche no se prolonga, como hoy, hasta adentrarse en altas horas de general vigilia.
No obstante, no he renunciado al paseo. Ya te dije, Yuri, lo difícil que es negarse a los hábitos corporales.
Sin otro quehacer me he adentrado, en solitario, por las orillas brumosas del río, en el mundo apasionante del pensamiento.
Contemplando la quietud del agua, nadie diría que está de paso hacia el mar, si no fuera por las mellas de las aceñas y las hojas muertas que la delatan. Decía Heráclito, filósofo griego, del que un día te hablaré, que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río” porque todo fluye. Esto, Yuri, no dejaba de ser algo novedoso y extraño para aquellos observadores apegados a la información de los sentidos. Por mucho que se mirara una flor no se le vería abrir ni por mucho que se mirara la tierna hierba se le vería crecer. Sin embargo, la razón nos dice, Yuri, que todo esta vivo y en permanente ebullición.
Un día, un eminente astrónomo se atrevió a decir que la tierra se movía y el sol, por el contrario, permanecía quieto. Pero ¿cómo podría ser? ¿No se veía al sol salir, recorrer el cielo azul y ponerse todos los días sobre campos y ciudades, siempre quietas y en el mismo lugar? ¿Quién era el loco que podía negar lo evidente, la fuerza de los sentidos? Sin embargo, una vez más la razón, negaba la evidencia sensible.
Parece mentira, Yuri, que quienes más se opusieron a la teoría heliocéntrica fuesen los que se creyeron la existencia de otro mundo distinto al sensible: la Iglesia, los sumos sacerdotes. La suerte de Heráclito, Yuri, fue que, en su tiempo, no había un cuerpo doctrinal, sumos sacerdotes, capaces de impedir el avance de la razón. Galileo, Bruno y tantos otros, no tuvieron tal suerte.
Expresiones como “no es oro todo lo que reluce”y “ojo que la vista engaña” indican el grado de penetración del pensamiento de Heráclito en la cultura popular. No hay que fiarse de las falsas apariencias que nos ofrecen los sentidos. Un loco manchego, Yuri, confundió los molinos con ejércitos y a un humilde ventero con un hidalgo al que pidió, en su locura, que lo armase caballero.
¿Es de locos o de cuerdos dejarse llevar por los sentidos? ¿Es de locos o de cuerdos dejarse llevar por la razón? No es fácil, Yuri, responder estas cuestiones. Un día te hablaré de Platón, de Aristóteles, de Descartes o Leibniz, de Spinoza, de Hume, de Kant o de Hegel que teorizaron sobre la validez de nuestro conocimiento. Para ello he de disponer de un tiempo, por lo menos distinto, del que me ofrece un simple paseo.
3 comentarios
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Hola me atrapó la frase Todo fluye , no tenía idea quien la habia puesto en marcha, y entonces buscando por la web entre otras encontre está, me parece super este artículo y me encanta que todabia exiostan aprendizes de filosofos.jeje y entonces todo fluye y te digo que te felicito.
Gracias Yuri por ser y estar, asi Antonio pudo deleitarnos con este aporte sobre el Panta rei! Un abrazo. Sigue acercandonos a la sabiduria.
me encanta tu blog. saludos